La historia de Damoiseau

Nuestras raíces y las de nuestra caña de azúcar

En 1942, Roger Damoiseau padre, exingeniero de ICAM & IEG, decidió comprar la finca de Bellevue hasta entonces abandonada, al precio de un gran endeudamiento. Así pues, la empresa reanudó su actividad azucarera con la elaboración de caramelos y mermeladas. Más adelante, el ron se convertiría rápidamente en la actividad principal de la producción.

En 1968, Roger Damoiseau hijo tomó el relevo de su padre y siguió desarrollando la empresa familiar hasta el punto de saldar toda la deuda de la empresa gracias a la venta de ron a granel.
Sus hijos comenzaron entonces a trabajar con él, contribuyendo a la prosperidad de la destilería.

En 1995 Roger dejó su puesto en manos de Hervé Damoiseau, quien asumiría la presidencia, mientras que su hermano Jean-Luc se ocuparía de la producción. Desde 1978, Jean-Luc es maestro destilador y Sandrine Damoiseau, su hermana, organiza la promoción de la marca a través de eventos.

El microclima soleado y el suelo calizo que favorecen el crecimiento de la caña de azúcar son los puntos fuertes de la destilería Damoiseau. Estas grandes bazas permiten cosechas en plena madurez para la única destilería de Grande-Terre.

Nuestra historia

Entrevista a Jean-Luc Damoiseau

Maestro destilador y director de Rones Damoiseau

¿Cuáles son las transformaciones materiales en la destilería que han marcado las etapas de los Rones Damoiseau?

Cuando empecé, el patio de caña de azúcar era de tierra y solo pesábamos carretas. Pasábamos unas 50 toneladas diarias, los mejores días. La cadena de caña estaba enterrada y la descarga era manual. Había dos molinos accionados por una máquina de vapor, bombas de jugo Burton (también de vapor), el folclore … pero los mayores trabajaban y, sobre todo, tenían valor.

‘‘ Los tanques de fermentación (comprados de segunda mano por mi padre, al que todo el mundo llamaba 'Ti-Roger' por aquel entonces) eran de chapa negra y pasábamos muchísimo tiempo soldando las placas para que fueran estancas. Aún así, teníamos que controlar las fugas las 24 horas del día. Nosotros por el día, el guarda durante la noche... Con palos afilados o sacos de arena lográbamos reducir las pérdidas ’’

La caldera Babcock la había montado Roger padre (papa Roger), que la había comprado de segunda mano a EDF (anteriormente la Spedeg), y la había desmontado en la central eléctrica de Baie-Mahault. Se necesitaban brazos fuertes porque el bagazo, al no tener un índice de humedad suficiente, nos obligaba a quemar más de 2 toneladas de madera al día de forma a obtener suficiente vapor para los molinos y la destilación.

El embotellado era manual. Faber rellenaba y ponía los tapones, y Fifille colocaba las etiquetas. Hacíamos un promedio de 100 a 110 estantes de 12 botellas diarias. La destilería tenía un grupo electrógeno Lister de 18 kVA porque no teníamos EDF … ¡ahora funciona a más de 900 kVA!

‘‘ En cuanto tuvimos electricidad, la primera transformación fue una picadora de caña accionada por un motor eléctrico y una línea de embotellado semiautomática Girondine de segunda mano. Había que ser un buen futbolista para parar las botellas que se salían del carril... ¡pero pudimos vender más! ’’

Recuperamos la lavadora de Héritiers Roger Damoiseau (la empresa de distribución que mi abuelo había montado en Pointe-à-Pitre), porque acababa de equiparse con máquinas nuevas para triplicar las ventas. Los grandes rones Charles Simonnet acaparaban el mercado … nosotros representábamos entre el 6 y el 7 % del mercado local.

Las pequeñas destilerías fueron cerrando una tras otra. En Morne-à-l’Eau había dos, una en Sainte-Anne, una en Bragelone… Las fábricas también hacían limpieza, porque la reforma de la época quería de una a dos unidades como máximo. Así que Darboussier, Ste Marthe, Blanchet y Bonne Mère cerraron.

‘‘ El ciclón Hugo de 1989 nos detuvo... nos dimos cuenta de que la herramienta de producción se estaba quedando atrás ’’

La prioridad era reconstruir y, afortunadamente, mi padre estaba ahí para ayudarme (incluso recogió las botellas que no estaban rotas después del desastre). Yo me encargaba de la destilería y él de las tiendas y el almacenaje. La línea de embotellado había perdido el tejado; recuperamos los hierros retorcidos que estaban a nuestro alrededor para repararla y la volvimos a poner en marcha. También recuperamos los cables eléctricos de EDF diseminados por los caminos (debido al ciclón) para volver a llevar la electricidad a las casas, la destilería y el único depósito que nos quedaba.

En 1992, montamos una nueva caldera y un molino (comprado de segunda mano a Longueteau). Envié ese molino a Brasil para que lo transformaran en cuatro rolls y luego monté una segunda picadora de caña, para asegurarme de obtener un bagazo con una humedad superior al 50 %.

‘‘ Anécdota: había jurado que nunca más me embarcaría en el montaje de un molino... ¡he montado tres desde entonces! ’’

‘‘ Hacia 1994, el contingente local había desaparecido, por lo que podíamos vender tanto como deseáramos; no puedo explicar por qué, pero ya nada nos podía detener... ’’

Montamos un primer local de almacenaje y envejecimiento, al tiempo que modernizábamos poco a poco la destilería. Allí instalamos una línea de embotellado Stone (1 800 bt/h) y, más adelante, con Régis (su hermano fallecido en 2004), ampliamos el almacén e instalamos una nueva línea de embotellado de 4 500 bt/h.

‘‘ A día de hoy, la destilería se ha convertido en una de las instalaciones industriales más eficaces de las Antillas. ’’

Tenemos dos Shredders (martillos-yunque) para desfibrar y cuatro molinos de 4 rodillos con rampa Donely, totalmente automatizados. Superamos las 30 t/h sin dificultad con una extracción de azúcar extraordinaria. Tenemos menos del 2 % de azúcar restante y un índice de humedad por debajo de los 48 %.

Las columnas también se han desarrollado. La primera la compramos de segunda mano a Bonne Mère y luego transformamos la parte destinada a la concentración (creada por aquel entonces para la melaza). Cuando montamos la segunda, aprovechamos para montar cuerpos de evaporación en una fase posterior con el fin de filtrar los aceites presentes en el vapor.
Hace tres años, monté una columna que podía destilar más mosto que las dos otras. Esta columna posee una columna de desgasificación en la cabecera y un sistema de termosifón para ahorrar vapor; porque necesitamos vapor para el tratamiento de las vinazas.

‘‘ La parte destinada a la fabricación se desarrolló gracias a todos aquellos que me ayudaron:
sin los conocimientos y la dedicación de Jacky (extrabajador de la destilería),
jamás lo hubiera logrado.
’’

¿Cómo se llaman las diferentes columnas?

La primera: la parte inferior, Speichim y la superior, Roger.
La segunda Iméca, con los planos de un ingeniero, Pierre Olivier Cogat.
La última Honoré, de nuevo con los planos de Pierre Olivier Cogat.

¿Cuál consideras que es el mayor desarrollo técnico a nivel de la producción?

Se trata de un conjunto; la técnica ha alcanzado nuevas cotas,
me doy cuenta de que ya no estoy actualizado y,
sobre todo, de que no tengo las mismas motivaciones.

¿Cuáles son las cosas que te gustaría implantar en la destilería para mejorar su sistema?

Lo que queda por hacer tiene que ver con la automatización.
Todos los sectores están automatizados, pero con un poco de reflexión, podríamos hacerlo mejor.
Una línea de embotellado más eficaz y una bodega de añejamiento de calidad, porque
vamos con mucho retraso en este ámbito, como la mayoría de nuestros homólogos guadalupenses.
Espero dejar a mi familia una instalación en la que todos estén orgullosos de encontrar su lugar, porque aún queda mucho camino por recorrer…

Para terminar, ¿cuáles son en tu opinión los puntos destacados de la historia Damoiseau?

Roger Damoiseau padre compró la destilería (rue Achille René Boisneuf) sin un céntimo, y su amigo notario, el señor Thionville, le ayudó. Montó lo primordial: una caldera, los molinos y el almacenaje.
Los molinos proceden de Grosse-Montagne; había una desfribradora y tres molinos.
Vendió un molino para financiar el montaje de otros dos… nunca le pagaron.
Roger hijo ha saldado la deuda de estas inversiones durante toda su vida.
Después del ciclón Hugo (en 1989), acabábamos de terminar de pagar el préstamo Ines.
Dedicó toda su vida al trabajo y a sus hijos.

‘‘ Yo lo único que he hecho es avanzar con mi tiempo y mis deseos de lograr el éxito, Régis y yo soñábamos con prosperar...
Por la noche, nos acostábamos sobre la hierba (sin electricidad, sin aire acondicionado) y observábamos el cielo, hablábamos de todo lo que queríamos hacer y tener… ¡y de mucho más!
’’